El Tamarguillo se encargaba de cambiar el aspecto de la avenida Miraflores cada ciertos años, convertida en un rio por el que navegaban las barcas de la plaza de España invitaba a soñar con trasladarnos a otro lugar. La estampa de las fábricas de corcho "Armstrong" (no se si está bien escrito) y la de vidrio de La Trinidad dentro del agua era un espectáculo para los chiquillos que, alguna vez, nos atrevimos a rodear el nuevo río y descubrir, en una aventura maravillosa, como quedaba la gran avenida-rio con multitud de trozos de corcho flotando, entrando y saliendo por las puertas abiertas de casas de vecinos y las fábricas sin obreros.
Si la parte de los pisos del barrio del Retiro Obrero, las primeras manzanas de la avenida Miraflores con sus almacenes, fábrica de hilados, cocheras y la fábrica de vidrio de la Trinidad pudieron con el pequeño pero furioso Tamarguillo que atacaba con la fuerza del agua terrosa, cómo no va poder resistir a la piqueta del no menos furioso especulador de turno.